
Susana Cardenal, LA MONDA
Llegué a casa, cerca de las 11. Estaba muy cansada: el instituto, los exámenes... Además el 22 de mayo me levanté muy temprano, tenía que coger el tren a las 7:30 a.m.
Pero tuve que bajar a mi perro, aunque deseaba estar en la cama. Cené y me acosté rápidamente. Unos minutos más tarde empezó a llover con furia. El agua golpeaba la ventana fuertemente y se oían truenos y relámpagos. Pero el sueño pudo con mi sorpresa, y quedé profundamente dormida.
Cuando me levanté, el sábado 23, me comentaron el mal temporal que hubo esa noche. Pero no creí que fuera para tanto como me contaban.
Para mi sorpresa, cuando bajé el perro a la calle, que aún estaba muy mojada, pude ver cómo el viento y las lluvias habían afectado a Coslada dejando imágenes como ésta del árbol.
Me encontré una vecina, que contemplaba atónita también la situación y me dijo que el tronco se movía sin parar. Las raíces no resistieron la tormenta y el fuerte viento, sin poder sujetar su conjunto. Al caer, levantó gran parte de tierra del jardín y zonas de acera.



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