
Fernando Sirvent Merino, La Monda
"NO PODÍAMOS CREER QUIÉN ERA EL AGRESOR"
En un barrio de Paraguay, los vecinos de un edificio fueron agredidos verbalmente por uno de sus inquilinos . Al principio, ellos no sabían de donde provenían los insultos:"pensábamos que era algún gracioso de turno con sus amiguitos", nos dijo una vecina.Con el paso del tiempo, los vecinos, al ver que día tras día eran acosados, decidieron tomar riendas en el asunto.
"Fuimos a quejarnos al presidente de la comunidad, que parecía ser el único que no sabía nada", nos comentaron dos señoras mientras charlaban en los descansillos. El presidente hizo una recolecta de firmas para ir a quejarse a la comisaría del barrio:"los policías dijeron que el asunto no tenía mucha importancia y que dejáramos pasar el tiempo para ver si las agresiones seguían sucediendo", nos dijo el presidente de la comunidad, un poco molesto.
Los días pasaron igual, los vecinos recibiendo insultos y la policía sin tomar cartas en el asunto, a pesar de las muchas quejas recibidas. Pero un día todo cambió. Un patrulla de la policía pasó enfrente del edificio y se sentaron en un bar a tomarse un café. Al salir, para montarse en el coche, recibieron varios insultos."Se quedaron pasmados por los insultos, y empezaron a mirar a todos los lados para ver el lugar de donde venían pero no encontraron nada",nos comentó el propietario del bar, con un tono burlesco hacia la patrulla. Muchos vecinos que se encontraban en el portal dialogando, se dirigieron hacia ellos apresuradamente:"les explicamos que eran los vecinos, y, a pesar de que al principio no daban crédito, al final acabaron llamando a sus superiores y les comunicaron que era cierto lo que decíamos",nos dijeron las vecinas.
"Creíamos que nos estaban tomando el pelo",nos dijo el presidente, ya que después de tanta investigación, tanto por parte de la policía como de los vecinos, se dieron cuenta que el agresor era... ¡UN LORO! Los propetarios del animal decían que no podía ser, que cómo iba a ser un animal. La prueba de corroboraba la culpabilidad del animal fue que la policía dejó una cámara, con permiso de los vecinos, en cada una de las terrazas del edificio, y grabaron un hecho, cuanto menos, curioso; este era el siguiente: cuando los niños del hogar se insultaban, el loro los imitaba y soltaba aquellas barbaridades que dejaban atónito a todo aquel que las escuchaba. "No creíamos que un loro pudiera repetir todo lo que decían mis hijos, era algo, a parte de vulgar, sorprendente, porque nadie podía creerse eso",nos dijo la madre de los niños, más sorprendida de lo que podía hacer el loro que de la multa.
Al final el loro fue multado a pagar 700 guaranís por agresión a la autoridad, y no por agresión a los vecinos, a pesar de ser estos las principales víctimas del problema.



Escribe un comentario