Susana Cardenal, LA MONDA

"SIEMPRE HAY QUE APLICAR EL SENTIDO COMÚN, QUE ES EL MENOS COMÚN DE LOS SENTIDOS"

Carlos Iván, desde hace aproximadamente un año, se convirtió en árbitro de la Federación de Baloncesto de Madrid. Ha vivido experiencias inolvidables arbitrando, tanto buenas como malas, pero ha aprendido algo que tendrá presente siempre : "Nunca hay que olvidar la deportividad, el baloncesto es un deporte y se debe competir respetando a todas y cada una de las personas que participan de una forma u otra en el juego".

Realizar cursos que duran aproximadamente dos semanas, estudiando todo el reglamento del baloncesto, haciendo un examen teórico, otro práctico para demostrar los conocimientos y habilidades adquiridos, exámenes de evaluación prácticos para comprobar la evaluación y el rendimiento del árbitro, son algunas de las actividades y ejercicios que éste joven de 18 años de edad ha realizado para poder conseguir su puesto como árbitro en la Federación de Baloncesto de Madrid (FBM).

El árbitro, uno de los personajes más importantes en un partido, tiene la responsabilidad de estar convencido y sentirse seguro al tomar una decisión. Y aunque la gran parte de ellos se sientan muy nerviosos, tienen que intentar no aparentarlo. "Comencé muy inquieto, me sentía constantemente observado por el público, pero a medida que transcurría el partido, me sentía más seguro de mis decisiones".

El árbitro representa siempre la justicia en el terreno de juego, justicia basada en el reglamento. Éste tiene que tomar las decisiones en menos de un segundo, por lo que no siempre aciertan, aunque intentan por todos los medios ser justos, pitando lo que únicamente ven sus ojos. "Un árbitro siempre tiene que aplicar el sentido común, que es el menos común de los sentidos". "Arbitrar es un ejercicio de autocontrol, que me ha ayudado a prepararme para otras situaciones cotidianas en las que necesito morderme la lengua. Es muy complicado hacer oídos sordos ante los comentarios del público e incluso de los entrenadores", añade.

Este  trabajo de autocontrol es muy importante, pues te hace fuerte mentalmente ante las críticas y faltas de respeto. "En el momento en el que se pierde el respeto, el arbitraje deja de tener encanto para mí. Las felicitaciones facilitan las cosas, y el partido, aunque normalmente sean escasas".

Ser árbitro, no es nada fácil. A nadie le gusta que su equipo pierda, o que se pite algo que no es. Pero siempre debemos tener en cuenta que los árbitros también se equivocan. Es una situación muy difícil, estoy completamente segura que no es nada fácil soportar las críticas y faltas de respeto mientras se trabaja. Al fin y al cabo, es un trabajo y a nadie le gusta que le falten y atenten contra su dignidad.