AUTOR: Mª José Muñoz LA-MONDA
Iba yo tan calurosa una mañana de invierno con unos pantalones finos, unas manoletinas, camiseta y chaqueta, cuando bajo al portal, medio dormida y me dispongo a ir al instituto. Salgo y me doy cuenta de que está todo blanco, me sorprendí porque no sabía lo que era. Unos segundos más tarde me di cuenta de que era nieve, me quedé alucinada , ya que era mi primera vez. Mi primera vez que veía la nieve.
Me miré de abajo hacia arriba y reparé en que no estaba preparada para afrontar esa situación.
Cuando creí que ya estaba preparada, me fui con unas ganas locas al instituto, pero pensé, ¿y si me caigo?, entonces decidí coger el autobús.
En la parada había mucha gente, pero, de repente me entraron ganas de hacer un muñequito de nieve, y lo empecé.
Cuando por fin llega el autobús, la gente tenía un afán por pasar el primero, aunque yo lo veo una tontería. Había una mujer mayor con un paraguas de los largos y con punta que iba arrasando. Cuando consigo hacerme paso entre la multitud le pago al conductor mi correspondiente euro. Cuando arranca el autobús y llevamos una distancia de unos diez metros, al bajar una cuesta, dirigiéndose hacia una rotonda, el autobús derrapa y se choca contra el coche delantero.
No fue nada, no le pasó nada a nadie, gracias a que no iba a una velocidad excesiva.
Había unos compañeros de mi instituto en el autobús, esperamos a que nos dijera algo el conductor, pero estaba ocupado hablando con el conductor del coche, por lo tanto decidimos bajarnos y llegar a patita.
Como es lógico llegamos diez minutos tarde, ya que por el camino estuvimos jugando, aprovechando que nevaba en Coslada, muy raramente ocurre eso. Ya en el instituto por el motivo de la nieve el profesor no nos echó la bronca: él también llegó tarde.
La primera hora la dimos muy tranquilos y normal, pero cuando faltaban unos minutos para terminar la clase, todos estábamos ansiosos de salir al patio y nos hundíamos observando el reloj y pensando que aún nos quedaban cinco horas.
En el cambio de clase, se escucha un ruido, salimos al pasillo y nos damos cuenta de que había reventado uno de los radiadores.
Nos dijeron que las dos horas siguientes no tendríamos clase. Todos con una sonrisa de oreja a oreja salimos corriendo al patio, pero no solo nuestra clase, sino casi todo el instituto, aquello era un caos, y los profesores no sabían qué hacer, no daban aBasto.
Cuando no llevábamos ni media hora en el patio haciendo muñecos de nieve y angelitos en el suelo, oímos una voz. Era el director, mandándonos a casa : ``EL INSTITUTO SE CIERRA ´´. En ese momento todos estábamos pensando lo mismo, `` fiesta, fiesta y más fiesta ´´, no podíamos ser más felices.
Pero, siendo sinceros, muy pocos se marcharon a casa. Todos en la calle, nevando y con un frío que ni en el congelador, todo eso nos daba igual, éramos felices.
Por fin nevaba en Coslada.



Escribe un comentario