Algunos de los profesores que disfrutaron de la nieve como auténticos niños.

EL FRAGOR DE LA BATALLA ENTRE LOS PUPITRES DEL MARIMOLI:

 

Javier Sánchez, LA MONDA.

El día que iba a nevar, la pequeña ciudad de Coslada se levantó sin más indicios de lo que iba a suceder después, que la fina capa de nieve que estaba empezando a asentarse. Todo el mundo iba a acontinuar con su rutina, y los alumnos del María Moliner no íbamos a aser menos. Más tarde que de costumbre, el autobús recorrió en quince minutos un trayecto en el que suele emplear cinco, fuimos llegando todos. El parking de los profesores nos recibía sustancialmente más vacío y ya dentro del edificio la evidencia de que la nieve había causado más daños de los que pensábamos se hizo más fuerte cuando a primera hora tan sólo una de las tres clases de cuarto tubo profesor.

 

La primera clase pasó, no sin alguuna queja de los compañeros que querían salir al patio para iniciar una guerra de bolas de nieve. Y ya en el cambio de clase, sin saber ni cómo ni porqué, cuando los pocos profesores que quedaban habían conseguido sacar a los alumnos del patio y devolverlos a sus respectivas clases, explotó el radiador.

 

Al principio sólo se sabía que había empezado a salir "humo" de la escalera. Algunos ya decían que había explotado y a otros simplemente les daba igual. Con el agetreo del momento, todos los alumnos bajaron al recreo para que la guerra de nieve con la que llevaban soñando desde el principio de la mañana , diese comienzo.

 

Es curioso cómo la nieve saca lo mejor de nosotros, hace que nuestro lado infantil aflore. Y si no, que se lo digan a nuestros profesores, que aprovecharon para iniciar su particular batalla de nieve cuando las puertas del "Marimoli" se cerraron por los daños que había causado el radiador.